26 sept. 2010

RYSZARD KAPUSCINSKI


4. Describir al indio viejo en el desierto de México. Viajando en coche, divisé a lo lejos algo que en un primer momento parecía un sombrero mexicano puesto sobre la arena. Detuve el coche y me acerqué al lugar. Debajo del sombrero vi a un indio sentado en una especie de trinchera de poca profundidad que el hombre había excavado en la arena para protegerse del viento. Tenía delante un gramófono de madera dotado de un altavoz abollado y con restos de pintura. El viejo no paraba de dar vueltas a la manivela (el gramófono, seguramente, ya no tenía muelles), escuchando un solo disco –el único que tenía-, tan gastado que ya no se podían distinguir los surcos. Del altavoz salía un chillido ronco y horrísono bajo el cual se adivinaban trozos de la canción latinoamericana Río Manzanares, déjame pasar. A pesar de que lo saludé y me quedé bastante rato contemplándole, el viejo no me hizo ningún caso. "Padre", le hablé por fin, "aquí no hay ningún río". El viejo siguió guardando silencio. "Hijo", me contestó, transcurridos unos momentos, "yo soy el río, y no consigo pasar a través de mí mismo". No volvió a decir nada más, concentrado en el disco mientras daba vueltas a la manivela.

7. Describir el mercado del pueblo de Quetzaltepec (México, al norte de Oaxaca). todas las mañanas bajan hasta ahí, desde las montañas de los alrededores, los indios mixtecas. Acuden al mercado cargando sus productos en la espalda, en hatos, en cestos… Escampan sus mercancías por el suelo, a la sombra de las frondosas acacias. Un kilo de maíz cuesta 1,25 pesos, un kilo de frijoles 1,75, cien naranjas dos pesos, cien aguacates tres pesos. Es un mercado silencioso, nadie elogia sus productos, las transacciones se realizan sin que medie una sola palabra, en un ambiente de la más absoluta indiferencia entre vendedores y compradores. Hacia el mediodía, cuando aprieta el calor, cesa toda actividad comercial, y todo el mundo se reúne en los mugrientos bares indios (puestos de mezcal) que rodean la plaza del mercado. Un litro de mezcal cuesta 4 pesos. La jornada termina con una borrachera total y absoluta de todos los mercaderes.
Después, borrachos todos, hombres, mujeres y niños, regresan a sus aldeas, tropezando, cayéndose sobre la arena y las piedras, y levantándose a duras penas, regresan sin un céntimo, aturdidos y míseros.

fragmentos de La guerra del futbol y otros relatos. Ryszard Kapuscinski

selección Fernando Lobo

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